Cómo calcular la amortización de tu máquina
Es el costo más grande que casi nadie cobra, y el que explica por qué un taller puede facturar bien durante tres años y no tener con qué reemplazar el equipo cuando se rompe.
Qué es, sin vueltas
Tu máquina tiene una cantidad finita de horas de trabajo adentro. No es eterna: los rodamientos se gastan, la electrónica falla, el tubo pierde potencia, las guías toman juego. En algún momento hay que reemplazarla.
Amortizar es que cada trabajo pague su parte de esa máquina futura. No es un truco contable ni una forma elegante de subir el precio: es reconocer que producir consume el equipo, igual que consume filamento.
Si no lo cobrás, lo que pasa es predecible. Facturás bien, cobrás todo lo visible, y el día que la máquina muere descubrís que la plata para la nueva no está en ningún lado. Porque nunca la cobraste.
La fórmula
y eso se suma al costo de cada trabajo, por hora de uso
Tres números. Vamos uno por uno, porque en dos de ellos está el error típico.
Precio de reposición, no lo que pagaste
Este es el punto que más cambia el resultado, y el que más se equivoca.
No importa cuánto te salió la máquina hace tres años. Importa cuánto sale hoy reemplazarla. Porque eso es lo que vas a tener que desembolsar.
En Argentina esto no es un detalle académico. Con la inflación y el tipo de cambio, una máquina comprada hace dos años puede valer hoy varias veces lo que pagaste en pesos. Si amortizás sobre el valor histórico, estás juntando una fracción de lo que necesitás.
Amortizar sobre lo que pagaste es la forma más común de trabajar a pérdida sin verlo. Facturás, cobrás, te sobra plata todos los meses — y al final del ciclo no te alcanza para la máquina nueva. La diferencia te la comiste en cuotas, repartida en cientos de trabajos.
Actualizá ese número al menos una vez al año, o cada vez que veas que el precio de reposición se movió fuerte.
Valor residual: lo que vale cuando la sacás
Una máquina usada no vale cero. Si la vendés funcionando, recuperás algo. Ese monto se resta, porque no hace falta que lo juntes.
Ahora, sé conservador. El mercado de usados es impredecible y un equipo con mucho uso vale bastante menos de lo que uno cree. Si no tenés idea, poner cero es una decisión defendible: en el peor caso terminás con un excedente, que es un problema mucho mejor que el contrario.
Vida útil: en horas, no en años
«Cinco años» no sirve como unidad. Una máquina que trabaja cuatro horas por semana y otra que trabaja ocho por día se gastan a ritmos completamente distintos.
La vida útil se mide en horas de trabajo. De dónde sale el número:
- Lo que declara el fabricante, si lo declara. Algunos componentes tienen vida útil especificada — es el mejor dato disponible.
- Experiencia de otros usuarios del mismo modelo, en foros y grupos. Es información ruidosa pero orientativa.
- Una estimación conservadora propia si no hay nada mejor. Subestimar la vida útil te hace cobrar un poco de más, que es el error barato. Sobrestimarla te deja sin máquina.
Un ejemplo completo
Máquina que hoy cuesta $3.000.000 reponer, con un valor residual estimado de $600.000 y una vida útil de 6.000 horas:
Una pieza de 8 horas carga entonces $3.200 de amortización. Compará eso con los ~$108 de electricidad del cálculo de consumo eléctrico y se entiende dónde estaba la plata todo el tiempo.
Valores de ejemplo. Los tuyos dependen de tu equipo y del mercado del momento.
Lo que falta: el fondo de mantenimiento
La amortización cubre el reemplazo, no las roturas del camino. Boquillas, correas, rodamientos, fuentes, placas, lentes: todo eso se cambia durante la vida útil y no está en la cuenta anterior.
La forma simple de manejarlo es agregar un porcentaje sobre la amortización —entre un 10 y un 20 % según qué tan exigente sea tu uso— y tratarlo como un fondo. Cuando algo se rompe, sale de ahí en vez de salir de tu bolsillo.
400 + 60 = $460 por hora
«Pero la máquina ya está paga»
Esta objeción aparece siempre, y a veces te la hace un cliente que sabe que la tenés hace años.
La respuesta es que el precio no depende de tu situación financiera, sino del costo de producir. Una pieza cuesta lo que cuesta producirla, tengas la máquina paga o en cuotas. Si bajás el precio porque ya la terminaste de pagar, lo que estás haciendo es regalar la capacidad de comprar la próxima.
Una máquina completamente amortizada no es una excusa para cobrar menos. Es exactamente el momento en que el negocio empieza a generar el capital para crecer. Es el premio por haber calculado bien.
Cómo usarlo en la práctica
- Averiguá el precio de reposición actual de tu equipo.
- Estimá valor residual con criterio conservador, o poné cero.
- Definí la vida útil en horas.
- Sacá el costo por hora y sumale el fondo de mantenimiento.
- Cargalo una vez y que entre solo en cada presupuesto.
- Revisalo una vez al año, o cuando el precio de reposición se mueva.
Ese número no va desglosado en el presupuesto del cliente. Va adentro del costo por hora de máquina, junto con la energía y los consumibles. Al cliente le interesa el total; a vos te interesa que el total alcance.
Cargá tu amortización → Poné el costo por hora de tu máquina y que entre automáticamente en cada cotización.