Cómo cobrar el tiempo de diseño
Es el ítem que más se regala en los talleres maker, y el que mejor margen tiene. Acá está por qué conviene separarlo del precio de producción y cómo ponerle un número que puedas defender.
El diseño no es parte de la producción
Cortar e imprimir son procesos de máquina: tienen un costo por minuto que podés calcular con precisión y que no cambia según quién lo opere. El diseño es otra cosa. Es tu criterio, tu experiencia y tu tiempo, y no escala con horas de equipo.
Mezclarlos en un solo precio genera tres problemas concretos:
- Te hace ver caro frente a quien ya tiene el archivo. Si el cliente trae el vector listo y le cobrás lo mismo que a uno que no lo trae, tu presupuesto parece inflado sin motivo.
- Te hace ver barato frente a quien no lo tiene. Y peor: te obliga a hacer el diseño gratis para sostener el precio de corte.
- Te impide repetir el trabajo. Si el diseño está escondido dentro del precio de producción, no tenés cómo cobrarle al que vuelve a pedir 200 unidades de lo mismo, ni cómo no cobrarle el diseño de nuevo.
La regla es simple: dos líneas en el presupuesto, siempre. Diseño por un lado, producción por otro. Aunque el diseño te haya llevado diez minutos, aunque lo hagas de onda esta vez. Que figure con su precio, y si querés regalarlo, ponelo con descuento del 100 %. El cliente tiene que ver lo que vale.
Cómo ponerle precio
Hay dos modelos y conviene usar los dos, según el caso.
Por hora, cuando no sabés el alcance
Sirve para pedidos vagos: «quiero algo así pero no sé bien cómo». Definís una tarifa horaria, estimás un rango y avisás si te vas a pasar.
Tu tarifa horaria de diseño no sale de lo que cobra el vecino. Sale de cuánto necesitás facturar por hora trabajada para que el taller cierre, y es la misma cuenta que hace cualquier profesional independiente:
Ojo con el segundo número
«Horas facturables» no son las que trabajás. De una jornada de 8 horas, una parte se va en responder mensajes, cotizar, comprar material, limpiar y mantener la máquina. Si contás 160 horas al mes cuando en realidad facturás 90, tu tarifa va a quedar casi el doble de baja de lo que necesitás.
Por proyecto, cuando el alcance está claro
Para trabajos repetidos y conocidos —vectorizar un logo, adaptar un plano, preparar un archivo para corte— conviene precio cerrado. El cliente sabe cuánto paga y vos ya sabés cuánto tardás.
Armá tu propia lista corta de estos. Con cinco o seis ítems cubrís la mayoría de los pedidos y dejás de cotizar de cero cada vez.
Las revisiones: donde se pierde el margen
Un diseño bien cotizado se vuelve pérdida en la cuarta corrección. Y la cuarta corrección llega siempre que no hayas puesto un límite.
«Revisiones incluidas hasta tu satisfacción». Suena generoso y es una trampa. La satisfacción del cliente no tiene un límite definido, así que estás firmando trabajo infinito por precio fijo. Es la cláusula que más plata le cuesta a los freelancers que la ponen creyendo que cierra ventas.
Lo que sí funciona: un número explícito y qué pasa después.
- Dos rondas de ajustes incluidas. Suficiente para cualquier trabajo razonable.
- Definí qué es una ronda: un conjunto de cambios enviados juntos, no cada mensaje suelto. Si no lo aclarás, cinco WhatsApps con una corrección cada uno se convierten en cinco rondas.
- Precio de la ronda extra. Que exista, aunque casi nunca lo cobres. Su función es que el cliente junte sus cambios en vez de mandarlos de a uno.
- Un cambio de concepto no es una revisión. Si a mitad de camino te piden algo distinto de lo acordado, eso es un trabajo nuevo.
Qué entregás, exactamente
Esto conviene dejarlo escrito antes de empezar, porque después se discute.
| Entregable | Qué es | Cuándo lo entregás |
|---|---|---|
| Archivo de producción | El listo para cortar o imprimir | Siempre, con el trabajo |
| Archivo fuente editable | El original, con capas y parámetros | Solo si se pagó por él |
| Vista previa | Imagen para aprobar antes de producir | Siempre, antes de cortar |
El archivo fuente es el que permite que otro taller reproduzca tu trabajo sin vos. Si lo entregás, estás vendiendo algo más que un diseño — y eso se cobra aparte. No es mezquindad: es la diferencia entre vender una pieza y vender la capacidad de hacerla.
El diseño que ya hiciste vale más que el que vas a hacer
Un archivo que ya está resuelto y probado se puede volver a producir sin costo de diseño. Ese es tu activo real: a los dos años tenés una biblioteca de piezas validadas que te permite responder rápido y barato mientras el que empieza cotiza de cero.
Guardá todo, nombrado de forma que lo encuentres. Parece obvio y casi nadie lo hace.
Poné el diseño en la cuenta → Calculá el precio del trabajo con el tiempo de diseño como línea propia, no escondido en el costo de máquina.